martes, 21 de diciembre de 2010

¿Por qué no te vas de aquí?


Tulio Oñate Angulo*
“¿Oye?, pero si ¡tú no eres mexicano!, ¿cómo crees que te voy a pagar? ¡Tú y yo, no somos iguales! Claro que te vamos a golpear…si tú no eres blanco!!” Son palabras que suelen herir, formando frases que difícilmente podríamos calificar como humanas. Y, es que resulta extraño escuchar, entre tanta maldad, acerca de historias de triunfo en otras partes. En un artículo de Hernández Cuellar, se nos habló de varios casos donde los migrantes se capacitan y entrenan no solo para salir adelante económicamente, sino para ser mejores individuos. José Vargas, Edward Roybald, César Chávez o Salma Hayek, triunfaron contra la adversidad y hoy día son leyenda o grandes celebridades; y si bien sabemos, que los latinos son muy capaces, también cabe hacer notar que quizá esto se pudo lograr porque,  pese a todo, en los Estados Unidos, existen más oportunidades.
            El proceso migratorio es algo natural en las diversas especies animales, muchas veces es, con fines reproductivos y otras veces para alimentarse, se puede migrar para tener una cría u otras veces buscando un mejor clima. Para la evolución, una de las teorías más aceptadas acerca del origen de la humanidad, es que todos provenimos de África y aparentemente de una sola mujer, a la que se ha llamado “La Eva genética” (Cann 1987), a partir de la cual se originaron todas las etnias humanas, de manera que, la diferencia en el color de la piel únicamente es resultado de la incidencia de la luz y las condiciones climáticas. Genéticamente, los seres humanos diferimos el uno del otro, nada más y nada menos, que por mil doscientos pares de bases nitrogenadas en nuestro ADN (Venter 2001). Así que es fácil suponer que no existen los ángeles caídos de ojos azules y mucho menos, biológicamente hablando, las razas superiores. 
            Sin embargo, pese a ser antinatural o incorrecto, en la realidad es común que los seres humanos tiendan a segregar, separar o clasificar a sus semejantes por raza, color o nacionalidad o simplemente para diferenciar aquello que les es familiar de lo que les resulta extraño o ajeno a sus creencias: “Que si le vas al América o a la UNAM”, “que si eres gordito o flaco”, “que si eres gay o normal”; “bonito o feo” ó “que si eres blanco o negro”. La discriminación está presente en todas partes, y en todas las presentaciones imaginables y, lo que resulta peor, nos la restriegan aquellos que son los menos calificados para la tarea, esto es, gente poco educada o de plano en verdad ignorantes. Obviamente mucha gente que es discriminada clama justicia, mientras que los políticos- “de aquí y de allá”- se hacen de la vista gorda y solo saben guardar silencio, mientras desvían su consciencia hacia la inmensidad de la nada.
              Puede resultar comprensible, más no aceptable, que a un nativo de un “x” país del primer o del “último” mundo, le disguste en extremo que algún extranjero le arrebate su fuente de trabajo. Ahora bien, ¿Qué sabe este nativo acerca del migrante? Prácticamente nada.  Se está guiando únicamente por lo que le hayan dicho o por lo que llega a percibir, pero desconoce totalmente las razones que hayan orillado al migrante a salir de su país de origen, ¿quizás, ni siquiera le guste estar ahí?, ¿tal vez extraña a los que dejó en casa? O ¿qué tal que es un refugiado político?, podría ser que la necesidad, la pobreza o el hambre le hayan orillado a dejar todo atrás…¡¡en fin!! Las causas son casi infinitas y resulta tan fácil señalar a otros para volcar todo ese odio irracional.
    Alguna vez, alguien dijo: “No escuches lo que la gente dice, sino lo que la gente calla” ¿Qué hay detrás de todo ese odio y rechazo por el migrante legal o ilegal?, ¿En verdad será la pérdida de empleo el justificante de este fenómeno? Una posible explicación puede ser tan simple y compleja a la vez, pero la formación y/o el trasfondo social de aquel que discrimina es determinante. La ignorancia y/o la falta de educación son omnipresentes tanto a nivel escolar como en el núcleo familiar, aquello que conduce a cualquier niño a convertirse en un discriminador profesional. Si los padres no se ocupan de educar correctamente a sus hijos, estos buscarán respuestas con las personas menos indicadas; si uno como maestro no enseña reglas, valores y no predica con el ejemplo, será incongruente con la imagen que da a sus alumnos; que nos guste o no, muchas veces nos toman como modelo a seguir en sus vidas y sus carreras profesionales.
   Así pues, si en alguna ocasión  nos encontramos con un inmigrante, legal o no, pensemos por un momento en las razones que lo han traído a nuestro país; pongámonos por unos minutos en sus zapatos y reflexionemos acerca de los malos tratos que podríamos recibir o  la miseria que nos podrían pagar por un trabajo interminable. La próxima vez que nos asalten las “ganitas” de “tirarle piedras” a otros porque son diferentes a nosotros o porque no son de este país, mejor guardemos silencio, cerremos los ojos, prendamos el cerebro y usemos más esa supuesta inteligencia que Dios nos dio. 

*Tulio Oñate Angulo es profesor de asignatura interino del CCH Azcapotzalco, imparte la materia de Biología y aunque no es difusor científico le gustaría serlo y, aunque no es una eminencia, podría serlo, porque le gusta leer, ver, vivir y estudiar todo lo que le cae en las manitas, de modo que adora expresar su punto de vista sobre todo aquello que hay en el mundo en que vivimos.

Bibliografía:
-          Hernández C.J. La comunidad mexicana en Estados Unidos, Presencia Histórica en el suroeste de la unión americana. Contacto Magazine. U.S.A.
-          Cann R. et al. The mythocondrial DNA & Human Evolution. Nature Magazine 325: 31-36 January  1. USA.1987.
-          Majfud J. Los esclavos de nuestro tiempo, Inmigrantes apátridas: tírelos después de usar. Jacksonville University, Fl.USA.
-          Rulfo J. El llano en llamas: Paso del Norte. México 1953.
-          Venter C. & Collins F. Cracking the Code Time Magazine, USA 2000.